Una buena amistad no tiene precio

Hay muchas maneras de hacer cosas por los demás: solo hace falta dar valor a lo que uno sabe hacer y compartirlo. Bárbara ha encontrado la manera. Ahora tiene 89 años y desde hace 29 se planta en la playa de la Barceloneta para impartir clases gratuitas de gimnasia a personas mayores. Empezó con la actividad física cuando se jubiló a los 60 años.

Como tenía mucho tiempo libre, aprendió a ir en bicicleta y con frecuencia se acercaba a la playa. Allí se unió a un grupo de mujeres que hacían ejercicio, y poco después pasó a ser ella quien llevaba la batuta. 

Desde entonces no ha dejado de dar clases a quien se quiera apuntar. Actualmente lidera grupos de hasta 80 personas. Hace que muevan todo el cuerpo y no deja pasar ni una mala postura. “Si hay que repetir, se repite, y nadie se queja”. Bárbara, contundente como su nombre, es exigente. Pero todo el mundo coincide en describirla como una persona bondadosa, cariñosa y única, que transmite ánimo, disciplina y buen humor. Ella cuenta que muchas mujeres que llegan tristes, solas o en duelo, en pocas semanas se transforman.

Lo que más la emociona, dice, no son los reconocimientos, sino que alguien le diga que se siente mejor, más viva, más fuerte. Se puede decir claramente que Bárbara es más que una profesora. Es compañía, es rutina y, sobre todo, es esperanza.